La montaña espera, el cielo no ha caído todavía

Artista: Silvina Torviso / Argentina
Espacio: La Molinera, Antofagasta

Un políptico de papeles plegados y patinados, envejecidos. En ellos, la línea se presenta como resultado de un plegamiento que se puede interpretar como catastrófico/topográfico. Un proceso que deja huella. Ese acontecer, aleatorio, interconectado y en expansión se plasma en una red de relaciones. “El rizoma hace pliegue”, como diría Deleuze.

En esta obra, la primera de estas relaciones se establece con el territorio: el plegamiento como paisaje. Un paisaje distanciado, permitido por la tecnología satelital. Una forma de la mirada –cenital y mediada por la pantalla– propia de la cultura contemporánea, pero que puede enlazar con otras cronologías, otras temporalidades, otras concepciones, incluso ancestrales o místicas. ¿La mirada celestial?

La segunda relación invierte esa visión: es el cielo lo que ahora miramos. La humanidad lo pobló con imágenes propias, la Cruz del Sur, Escorpio u Ofiuco –por nombrar algunas de las constelaciones que se ven desde el hemisferio sur–, enlazando estrellas y generando tramas lineales.

Morfologías que se entrelazan, superponen, yuxtaponen. Marcas, destellos, grafías, cicatrices. Capas y capas de signos superpuestos. Cielo, tierra, subsuelo. Pliegues que determinan zonas intersticiales, fisuras, refugios mínimos para albergar resistencias y sembrar mundos.

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