Artista: Mustafa Avci / Turquía
Espacio: La Molinera, Antofagasta

Conectando ausencia y presencia
En el corazón de la Bienal de SACO, tres proyectos innovadores –Habitar el vacío y Theatrum Mundi, de Ahmet Rüstem Ekici y Hakan Sorar, y Ecos de un campo olvidado, de Mustafa Avcı–, convergen para explorar la transformación de la resiliencia y la delicada interacción entre la humanidad y el mundo natural. Estas instalaciones iluminan las tensiones entre presencia y ausencia, tradición y tecnología, reflexionando profundamente sobre nuestros paisajes ecológicos y culturales compartidos.
Habitar el vacío reimagina el proscenio clásico del teatro como escenario físico y conceptual. A través de realidad aumentada; tejidos inspirados en visuales que surgen del entrenamiento de inteligencia artificial con diversas fotografías tomadas en Antofagasta; y diseño sostenible, el proyecto transforma vacíos físicos, culturales y conceptuales en terrenos fértiles para la narración y la supervivencia. Invita al público a participar en ecosistemas especulativos, descubrir relatos ocultos y redefinir la ausencia como un espacio rebosante de potencial. Esta instalación tiende un puente entre lo antiguo y lo contemporáneo, tejiendo capas de memoria, resistencia e imaginación en una experiencia participativa que trasciende el tiempo y el lugar.
Theatrum Mundi profundiza en esta exploración transformando a los espectadores pasivos en cocreadores dentro de un entorno virtual. Usando una pantalla y un control, y desarrollada en un motor de videojuego, esta instalación digital se inspira en la tradición machinima y en la singular geografía del desierto de Atacama. Los visitantes dan forma a la luz, el sonido y el espacio en tiempo real, construyendo caminos personales a través de un ecosistema digital que imita escenas de la vida real. Inspirada en la metáfora “el mundo es un escenario”, esta obra desafía las distinciones entre intérprete y observador, naturaleza y simulación. Abre un diálogo sobre la agencia del espectador, la naturaleza de los terrenos virtuales y cómo las ecologías digitales pueden reflejar –y potencialmente remodelar– nuestras respuestas al cambio medioambiental.
Ecos de un campo olvidado se inspira en herramientas agrarias tradicionales de Anatolia, como los espantapájaros, para crear una instalación escultórica sonora envolvente. Con materiales reutilizados y un paisaje sonoro dinámico, capta la fragilidad de los ecosistemas frente a la actividad humana. La transición de los sonidos de la naturaleza a la desolación subraya la urgente necesidad de preservar la biodiversidad y el patrimonio cultural. A medida que los visitantes recorren la instalación, su presencia modifica el paisaje sonoro, encarnando el delicado equilibrio entre la intervención humana y la armonía natural.
Estos proyectos ofrecen un diálogo entre pasado y futuro, material e inmaterial, presencia y ausencia. Nos invitan a habitar espacios de transformación y pérdida, fomentando la reflexión sobre la resiliencia, la adaptación y la interconexión de la vida en un mundo físico y virtual en rápida transformación.
Firat Arapoglu
La participación de Mustafa Avci cuenta con la colaboración de SAHA, asociación que apoya el desarrollo de artistas, curadores y escritores que trabajan en el campo de las artes visuales de Turquía para aumentar su interacción con instituciones y redes de arte internacionales.
Mustafa Avci / Turquía
Economista, Máster y Doctor en Etnomusicología. Su investigación académica se centra en temas como el género en la sociedad otomana y turca (incluido el köçeklik), la música y la danza, la historia del sonido y el ruido, y la música de la diáspora otomana en América (1890-1970). Como artista, compositor y creador de música de teatro y cine, ha contribuido con instalaciones, partituras de películas, música de teatro y proyectos de arte contemporáneo en eventos como la Bienal de Estambul, la Bienal de Mardin, el Festival de Cine de Estambul y el Festival de Teatro de Estambul. En 2018, su música para la película Yuva, estrenada en el Festival de Cine de Venecia, le valió el premio a la Mejor partitura original de película en el 30º Festival Internacional de Cine de Ankara en 2019.


