Por Karen Hinojosa
Mi experiencia como mediadora en la Bienal SACO1.2 fue un proceso de inspiración y emoción. Fui conociendo las obras poco a poco, y a medida que pasaban los días, me di cuenta de que una de ellas me producía un impacto especial. Ubicada en el muelle histórico, la obra era Sentido, de Eduardo Motta. Si bien todas eran diferentes y especiales de una u otra forma, sentí que esta me tocó personalmente. El artista se inspiró en un libro que trata de una mujer luchando contra el cáncer.



Sentido me permitió conectar con los visitantes, sus vivencias, su dolor, sus recuerdos, y la experiencia de muchos que hoy dan la pelea contra esa enfermedad. Conecté con ellos de una manera que no me esperaba, y gracias a esto me di cuenta de que el arte puede, a través de la emoción y la sensibilidad, trascender barreras y generar conexiones con las personas. Me vi involucrada en muchas instancias donde mi rol no solo fue hablar, sino también escuchar a personas que parecían necesitar contar sus historias. La obra se volvió un reflejo de las propias experiencias y emociones de las personas, y pude ver cómo se identificaban con la lucha y la resiliencia que se representaba en ella. Logró crear un espacio para meditar sobre nosotros mismos y las personas que nos rodean; sobre la lucha que mucha gente vive en silencio, sus victorias y derrotas. Sobre los que están hoy con nosotros y los que ya se han ido.
Esta experiencia me llevó a reflexionar sobre la importancia del arte en nuestras vidas, y lo que hemos perdido al estar tan enjaulados con las pantallas. El arte puede ser un catalizador para la reflexión, la empatía y la conexión con el otro. Nos ayuda a procesar mejor lo que vivimos, a replantear nuestra existencia e importancia en un mundo que muchas veces está marcado por el dolor, la tristeza o la soledad.
Frente a esto, la importancia del mediador toma un rol esencial: tener la capacidad de crear un puente entre el arte y el público, conectar con el sentir de la gente y mostrar que el significado de la obra va más allá de lo que identifiquen sus ojos, oídos o tacto. Cuando las palabras fluyen, se vuelven, también, parte del arte. Me gustaría quedarme con eso, haber logrado en la gente un punto de reflexión y conexión con ellas mismas. El arte contemporáneo tiene el poder de transformar nuestras vidas y depende de nosotros hacerlo realidad.
