¿Quién más lee ese conocimiento?

El río Loa, laboratorio creativo entre el arte y la ciencia

En el marco de nuestro diplomado Microcuradurías, durante julio se realizó el primer módulo presencial en el oasis de Chiu Chiu. Durante una semana, los estudiantes participaron en talleres de alfarería, patrimonio, historia, astronomía y microbiología.

En ese aspecto, por primera vez se llevó a cabo la asignatura Ecosistemas de resistencia: explorando el río Loa, impartida por Gladys Hayashida, investigadora, divulgadora y directora del proyecto Ciencia, Tecnología y Sociedad (C-TyS) de la Universidad de Antofagasta, junto a la bióloga marina Nataly Lobos Parra, especialista en ecosistemas acuáticos del norte de Chile. Conversamos con ambas sobre sus impresiones y conclusiones de este taller. 

¿Cómo vivieron esta experiencia? ¿Fue la primera vez que incorporaron el arte a su trabajo docente?

Nataly: Me sentí increíble. Llevo muchos años estudiando el río Loa y lo visito con frecuencia, por lo que me sentía como si estuviera en casa. Sin embargo, esta experiencia fue muy distinta a lo que estoy acostumbrada. En la ciencia observamos con un objetivo específico, mientras que aquí el ejercicio era mucho más introspectivo. Me permitió apreciar el río desde perspectivas que nunca había considerado. Fue una semana muy mágica, casi como un retiro espiritual.

Gladys: Al principio tenía bastante temor porque no sabía con quién me iba a encontrar, ni cuál sería el nivel de interés o de motivación de los estudiantes respecto a esta temática. Finalmente fue una experiencia muy positiva porque, como dice Nataly, no se trataba de enseñar ciencia dentro del arte, sino de explorar a través de él. Pasé de la incertidumbre inicial a sentirme parte del grupo; incluso terminé participando en la muestra final. Fue un proceso de transformación durante toda la semana.

¿Cómo se dio el trabajo en conjunto para guiar a los estudiantes?

G: Para mí fue un acierto trabajar con Nataly, porque ella conoce profundamente el río Loa. Estamos hablando de un río que atraviesa todo el desierto y que constituye una fuente de vida, con una enorme riqueza social, histórica, patrimonial y biológica. Muchas veces las personas observan las aves o los insectos, pero no alcanzan a ver todo aquello que sustenta esos ecosistemas. Ahí es donde me muevo yo, en el mundo microscópico, en la microbiota que sostiene gran parte de la vida presente en el río.

¿Qué reflexión les deja la relación entre arte y ciencia? ¿Cambió su forma de ver estas disciplinas? 

N: A mí me pasa que conocí esa parte del arte que nunca había experimentado, de hecho en esta vivencia conocí lo que era un curador y me marcó tanto que con chicas del mismo diplomado me he seguido comunicando con la idea de desarrollar proyectos a futuro, que permitan comunicar conocimientos científicos complejos a través de expresiones capaces de emocionar, sorprender y conectar con las personas. Esta experiencia me marcó y quiero incorporarla en mis investigaciones de aquí en adelante. 

G: También comprendí que el arte es mucho más libre de lo que imaginaba. Permite que quien observa una obra construya su propia interpretación, sin que exista una única lectura impuesta por el artista. Eso lo vuelve profundamente democrático. Personalmente provengo de un vínculo más cercano con las artes escénicas, pero el arte contemporáneo me permitió detenerme a observar desde otro lugar. Entendí que puedo transmitir un mensaje dejando libertad a quien lo recibe, y eso me pareció muy enriquecedor. 

¿Qué les parecieron las piezas creadas por los estudiantes para la muestra final?

N: Quedé impactada porque ahí todo cobró sentido, antes de eso en las sesiones de cierres curatoriales que había después de cada jornada, cada uno (estudiante) daba más o menos una idea de lo que quería hacer y ahí yo no entendía nada, o sea, como que no podía visualizar lo que realmente iban a montar, y cuando lo vi materializado, me fascinó, porque cada uno mostró el río de manera diversa, desde la utilización del sonido, el aire, el agua, hasta la basura. 


¿Alguna pieza que les llamara más la atención?

N: Por ejemplo, había una escultura maravillosa, era muy grande; hubo otra que me pareció sutil y bonita, ya que eran códigos de cómo suena el río, la participante hizo una pequeña decodificación de cómo entendía los sonidos y creó un traductor. 

G: Coincido con Nataly en que al principio era difícil imaginar cómo abordarían sus propuestas. Para mí también fue muy interesante desde la perspectiva metodológica, porque en comunicación científica trabajamos constantemente con procesos de selección y organización de contenidos, algo que se relaciona con la curaduría. Respecto a las obras, fue emocionante ver la entrega de cada estudiante y la diversidad de formatos y temáticas. Es difícil escoger una sola, porque todas tenían una gran potencia, pero recuerdo especialmente la obra de Eduardo, relacionada con el estancamiento de las masas de agua. 

¿Qué le dirían a quienes creen que el arte y la ciencia son disciplinas demasiado distintas para convivir? 

G: Creo que ambas se necesitan mutuamente. El arte requiere contenidos significativos, y la ciencia ofrece una fuente inmensa de ellos. A su vez, la ciencia necesita nuevas formas de transmitir conocimientos y conectar con las personas. Son disciplinas que pueden enriquecerse recíprocamente. 

N: Sí, totalmente, dentro del mundo científico muchas veces no se validan otras formas de comunicar la ciencia. Por eso es necesario sensibilizar a quienes se dedican a la investigación para que se conecten con otras áreas. Al final, la pregunta es: ¿para qué hacemos ciencia o para quiénes la hacemos? Muchas veces hago esa crítica. Es muy valioso publicar investigaciones, construir un buen currículum o alcanzar prestigio dentro de la comunidad científica, pero ¿quién más lee ese conocimiento? La verdad es que muy pocas personas. Ahí se pierde parte del rol social que sabemos que tenemos como científicos. No es algo opcional, debemos generar conocimiento que tenga impacto en la sociedad. Entonces, ¿cómo salimos de ese formato tan estructurado? Necesariamente a través de otras herramientas, y el arte es una de ellas.

Las reflexiones de Gladys Hayashida y Nataly Lobos evidencian que la ciencia y el arte no solo pueden convivir, sino también potenciarse mutuamente. Desde distintas miradas, ambas encontraron en el río Loa un espacio para experimentar nuevas formas de aprendizaje, comunicación y conexión con el territorio. 

Si deseas conocer más detalles de cómo estuvo esa semana intensiva, te invitamos a leer el siguiente artículo. 

Este próximo 16 de octubre realizaremos la ceremonia abierta de cierre del diplomado, si deseas asistir, te esperamos en el Centro Cultural Estación Antofagasta a las 11 horas.



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