La Bienal de Arte Contemporáneo SACO anuncia el tema de su próxima edición
La Bienal SACO tiene el agrado de anunciar el tema curatorial de su próxima versión. Para 2027, SACO1.3 llevará por título El trópico de la llama. En su trigésima edición, el evento de artes visuales más grande del norte de Chile apuesta por un tema marcadamente sudamericano, reflexionando sobre los orígenes del sur global y cómo este se ha visto moldeado por lógicas anticuadas heredadas del primer mundo. Es una invitación a dar la vuelta y mirar no hacia afuera, sino dentro del continente, a nuestras raíces y a nosotros mismos.
Esta temática se expande en el texto curatorial que presentamos a continuación. La organización de SACO espera que esta lectura propicie reflexiones, discusiones y sobre todo inspiración para pensar los proyectos y exposiciones que formarán parte de la Bienal SACO1.3. Entregaremos más detalles de la próxima bienal, como fechas, convocatorias, y los primeros nombres y espacios confirmados, en los meses venideros.
TEXTO CURATORIAL
El trópico de la llama
El trópico de Capricornio es una latitud astronómica, situada aproximadamente a 23° al sur del ecuador. Marca el punto más meridional donde los rayos del sol caen verticalmente al mediodía durante el solsticio de diciembre, dividiendo la zona tropical de la zona templada del hemisferio sur. En América este anillo une por tierra firme dos aguas infinitas. A lo largo de la historia el hombre aprendió a cruzar los maritorios construyendo vehículos con remos, velas y motores. Desde las costas del oeste, empezó a llevar las mercancías por el Pacífico hacia Asia. Desde el este a Europa, cruzando el Atlántico.
Cuando el Norte dividió el mundo en sur y norte, aquí los puertos escupieron riquezas naturales y, de vuelta, recibieron emigrantes, enfermedades y algo de tecnología. Los que quedaron sin boca al océano —Paraguay y Bolivia— se quedaron sin voz. Pero las ciudades puerto son la boca y el ano a la vez. Santos, Valparaíso, Callao, Antofagasta y Guayaquil huelen a pescado; por eso no son para todos.
En los países del sur global las capitales suelen tener los ojos rojos por la alta presión arterial y expanden los caminos en forma de tentáculos, o de venas abiertas. ¿Qué pasa en el vientre del continente? ¿Qué suena en las tripas de América del Sur? Si lográramos girar las dos caras del Cono Sur –la del este y del oeste– para que empiecen a mirar hacia adentro y entre sí, al interior de su barriga verde y fértil. El viaje hacia adentro es a la vez el viaje hacia atrás. Conocerse por tierra, por desierto, pampa, selva, humedal. Reconstruir la senda de las culturas, siguiendo las conchas en collares de la Amazonía o las plumas de papagayos en las ofrendas fúnebres del altiplano. Escuchar el cielo sin temor a la oscuridad.
En el Cono Sur la mayoría de las líneas postcoloniales son verticales, mientras que los dibujos horizontales corresponden a la naturaleza, como los ríos Amazonas, Biobío u Orinoco. La ruta de Antofagasta a Santos se extiende por 3.400 kilómetros y pasa por el océano más grande, el desierto más árido, las montañas más largas y la selva aún más extensa del mundo. Ofrece en sus paraderos una infusión de coca, un mate, una gaseosa de guaraná, para terminar con un reponedor café brasileño.
Este camino es el oxígeno entre los dos océanos. Hay que tocar el suelo para comprender dónde estás. En el nuevo mundo la naturaleza opera a otra escala, nos enseña a ubicarnos y acordarnos de dónde salimos. La montaña, el árbol, el río, el calor, la roca, el cielo, aquí y allá tienen otro significado. Menos mal que existen cosas que no son robables, vendibles, ni exportables: lo intangible. El camino se proyecta como el antídoto al flujo comercial de una vía que cortará Sudamérica en dos, conectando el Atlántico con el Pacífico y viceversa, como lo hace el canal de Panamá arriba y el estrecho de Magallanes abajo.
Pero la posición del trópico de Capricornio no es fija, sino que cambia constantemente debido a un ligero bamboleo en la alineación longitudinal de la Tierra en relación con su órbita alrededor del Sol. La inclinación axial del planeta varía a lo largo del tiempo. Este bamboleo significa que la imaginaria senda no tiene un ubicación estable, sino que se desplaza constantemente. Vamos por un camino que también está en movimiento.
Un animal de la constelación astrológica occidental nos abre el sendero. Pero miren bien, lo que los del Norte llaman Capricornio, también podría ser una llama caravanera que representa el intercambio con el otro. Es la llama que cruzará ahora Mato Grosso, la que nos reconectará y ayudará a encontrar la ruta de vuelta, por el cruce de las lenguas, pasadas y presentes, por lo originario y por lo legitimado, también por África y Australia. La llama corre de noche por el anillo, cruzando las tierras y los mares del sur global. La palabra trópico proviene del griego tropikós y significa giro. Cada vuelta son casi 37 mil kilómetros.
El Capricornio es una fusión europea de cabra y serpiente, sin descendencia, mientras que la llama junto con sus crías pinta en el cielo la Vía Láctea con su leche. Avancemos por esa línea imaginaria, por la horizontalidad rebelde detrás de las riquezas que nos esperan en este camino, no para extraerlas, sino para conocerlas y compartirlas entre todos los que habitamos de manera física o imaginaria este sendero.
Idea original: Dagmara Wyskiel
Edición: Carlos Rendón
The Tropic of the Llama
The Tropic of Capricorn is an astronomical latitude located about 23° south of the Equator. It marks the southernmost point where the sun’s rays fall directly overhead at noon during the December solstice, separating the Southern Hemisphere’s tropical and temperate zones. In the Americas, this ring connects two vast oceans across a continuous landmass. Throughout history, people learned to cross the seas by building vessels propelled by oars, sails, and engines. From the western shores, goods began to travel across the Pacific toward Asia. From the east, they crossed the Atlantic on their way to Europe.
When Northern powers divided the world into North and South, the ports along this latitude expelled natural wealth and, in return, received migrants, diseases, and some technology. Those countries left without an outlet to the ocean—Paraguay and Bolivia—remained voiceless. Yet port cities are both mouth and anus: Santos, Valparaíso, Callao, Antofagasta, and Guayaquil smell of fish; they are not for everyone.
Capital cities in the Global South often have bloodshot eyes from high blood pressure, with roads spreading like tentacles or open veins. What happens in the continent’s belly? What sounds resonate in the guts of South America? What if we could turn the two faces of the Southern Cone—the eastern and the western—so they could face each other, looking toward their green and fertile belly?
The journey inward is also a journey backward. To know ourselves by crossing land, desert, pampas, jungle, and wetlands. To retrace the paths of ancient cultures by following shells strung into Amazonian necklaces or parrot feathers used in funerary offerings from the Andean highlands. To listen to the sky without fearing the dark.
In the Southern Cone, most postcolonial lines run vertically, while horizontal traces belong to nature, such as the Amazon, Biobío, and Orinoco rivers. The route from Antofagasta to Santos stretches for 3,400 kilometers, crossing the world’s largest ocean, the driest desert, the longest mountain range, and the rainforest that remains the largest in the world. At each stop, it offers coca tea, mate, guaraná soda, and, at the end, a restorative Brazilian coffee.
This route is the oxygen between the two oceans. You must touch the ground to understand where you are. In the New World, nature operates on another scale; it teaches us to locate ourselves and remember where we come from. Mountains, trees, rivers, heat, rocks, and sky acquire different meanings. Fortunately, intangible things cannot be stolen, sold, or exported. The route emerges as a counterpoint to the commercial corridor that will slice South America in two, connecting the Atlantic and the Pacific and vice versa, just as the Panama Canal does to the north and the Strait of Magellan to the south.
But the Tropic of Capricorn is not fixed: its position shifts continuously because of a subtle wobble in the Earth’s orientation as it travels around the Sun. The planet’s axial tilt changes over time. As a result, the imaginary path has no stable location; it is always drifting. We travel along a route that is itself in motion.
A creature from the Western zodiac opens the trail. But at a closer look, what Northern tradition calls Capricorn could also be a caravan llama, a symbol of exchange and encounter. It is the llama that will now cross Mato Grosso, reconnecting us and helping us find the way back, through the crossing of past and present languages; the ancestral and the legitimized; and ties with Africa and Australia as well. At night, the llama runs along the circle, crossing the lands and seas of the Global South. The word tropic comes from the Greek tropikós and means “turn”. One full circuit measures nearly 37,000 kilometers.
Capricorn is a European fusion of goat and serpent without offspring, while the llama, together with her creatures, paints the Milky Way across the sky with her milk. Let us move along that imaginary line, along its rebellious horizontal path toward the riches that await us, not to extract them, but to recognize and share them among all those who inhabit this route, whether physically or imaginatively.
Idea original: Dagmara Wyskiel
Edición: Carlos Rendón