“Hacer un viaje hacia atrás para pensar los días de hoy”: Las reflexiones del fin de la residencia del artista portugués Pedro Vaz

Fotografías gentileza del artista

Durante su residencia en el Instituto Superior Latinoamérica de Arte (ISLA), el artista portugués, Pedro Vaz, se propuso investigar las migraciones ocurridas en los últimos años en la frontera norte de Chile, abordando esta crisis humanitaria a través de la documentación de los lugares transitados por los migrantes. A partir de esta fotodocumentación, desarrollará un trabajo de pinturas de gran formato que serán parte de la Bienal SACO1.1 Golpe, con el objetivo de contrastar estos paisajes con la costa de Antofagasta.

Conversamos con él sobre su experiencia en el Desierto de Atacama, el desarrollo de su investigación y algunas reflexiones obtenidas durante su travesía.

¿Cómo surge tu interés en venir a ISLA y realizar tu investigación en el norte de Chile?

Pedro: Cerca de dos años atrás he visto dos fotos de mi amigo brasieño Marcelo Moscheta, sobre un proyecto que realizó hace algunos años aquí en Atacama, y desde allí que he quedado interesado en estas formaciones montañosas y en el desierto también. En un principio no tenía pensado el proyecto propiamente tal, pensé en la Bienal y en la residencia como una forma de conectar con un tipo diferente de naturaleza. Todos los proyectos que he hecho comienzan así, con un interés que después, al investigar, me va mostrando puntos de encuentro y de interés político, humano, y de la naturaleza, que son los puntos que procuro abordar en mis obras.

Respecto a esos puntos que mencionas, ¿qué dimensiones de ese tipo encontraste durante tu trabajo en terreno?

Pedro: Conversando con Dagmara, me ha contextualizado sobre el problema de las migraciones de Chile, Bolivia, Perú y Venezuela, y los movimientos humanos que cruzan la frontera. En mis proyectos anteriores ya había trabajado en lugares donde hubo actividades humanas, pero de otras épocas, por ejemplo; el proyecto Caminho do Ouro en Brasil, donde la actividad tuvo lugar hace unos 200 años. Eso me ha hecho pensar también en cómo sería este lugar antes y cómo es ahora. Me gusta mucho el ejercicio de intentar imaginar y recuperar a través de dibujos y pinturas las experiencias de otras personas, porque puede ser una posibilidad para intentar comprender lo que está aconteciendo. Trabajar con una problemática actual y no con algo que ha acontecido muchos años atrás, me dejó muy motivado. Intentar conocer las montañas a partir de las experiencias y lugares donde las personas han pasado la frontera. De cierto modo, no estoy solo decidiendo “me encanta este paisaje”, no, hay una historia, una marca contemporánea y las montañas siguen siendo las mismas. 

Fotografías gentileza del artista.

Tu investigación aborda diferentes rutas en las fronteras, ¿qué lugares transitaste durante tu viaje?, ¿puedes comentarnos un poco cómo se desarrolló tu investigación?

Pedro: Hice las rutas acompañado de un guía llamado Jimmy, y estuve en contacto con otro guía llamado Zahel, que nos dio mucha información. El primer día y único con Zahel, fuimos a mirar un paso de trashumancia antiguo, con pinturas rupestres y figuras antropomorfas. Ese día hemos encontrado vestigios de presencia reciente de personas, y también un sitio de abrigo donde dormían. Zahel me decía que en verdad toda esta tierra siempre fue tierra de pasajes, con presencia de personas caminando de un lugar a otro. Fue un primer contacto con este mundo de Atacama súper intenso, fue hacer un viaje hacia atrás para pensar los días de hoy.

Lo interesante eran los vestigios que encontrábamos, de uno o dos días atrás, cosas perdidas, botellas para beber en la noche, marcas de fuego, casas antiguas de piedra con cartones o material para poder descansar. Después comenzamos a ir más hacia el norte, a los pasos cerca de Bolivia, y luego cerca del paso Sico, para Argentina, y ahí también encontramos como dos pasos, uno que tenía solo dos piedras marcando el límite y que cualquier persona podía pasar. A ese se conseguía llegar solo en coche, no a pie. El último lo hemos encontrado muy cerca de Atacama, en el Paso Hito Cajón y lo impresionante era que caminas un par de pasos, miras a la izquierda y tienes una carretera de tierra que te permite cruzar y entrar sin pasar por el control ni aduanas, ese paso estaba lleno de botellas de agua y de todo, y es súper cerca del punto donde pasa todo el mundo. La idea inicial que yo tenía era intentar el impacto que la naturaleza ha tenido en las personas, pero me he dado cuenta de que es escaso o limitado, porque son personas que están acostumbradas a este tipo de paisajes y los pasajes son de corta distancia, son rutas pequeñas que se puede hacer en un día.

Fotografías gentileza del artista.

Parte de tu propuesta es generar pinturas en papel, a gran escala, ¿a qué se debe la elección de este formato? ¿Dónde te gustaría que estuvieran desplegadas?

Pedro: El formato es por la necesidad de crear una experiencia en el espectador, que sea próxima a cómo miramos en Atacama. Por otro lado, de la misma forma en que miras las montañas, la naturaleza, es que he pensado por qué no hacer una exposición al aire libre, donde las personas puedan caminar por la ciudad y ver el contraste de unas pinturas muy claras, con los tonos del desierto, con los colores de la ciudad, para de alguna forma traspasar esa experiencia de los pasos fronterizos a una ciudad que tiene muchos inmigrantes. Trazar esa experiencia no solo para los migrantes, sino para todas las personas que ven en las montañas el esfuerzo físico, pero también mental de cruzar. Ya no son solo montañas, tienen una carga, información detrás. Es interesante poder comprender si las personas tienen una memoria asociada al paisaje, o invitarlas a reflexionar sobre por qué están aquí estas montañas.

Serás parte de la Bienal SACO1.1 Golpe, ¿cuáles son los nexos entre tu propuesta y la temática curatorial de la próxima edición?

Pedro: Creo que se conectan muy bien en el sentido de que es una temática contemporánea, y que a pesar de todo, de vivir en democracia, de haber tenido cambios en comparación con las dictaduras, en realidad continúan habiendo problemas con las personas, con la necesidad de hacer algo ilegal para tener una mejor calidad de vida. El proyecto se encuadra en hablar de un problema actual que debe ser hablado, discutido y problematizado.

¿Qué reflexiones finales te llevas de tu residencia?

Pedro: Lo que he sentido con este proyecto es que este territorio siempre fue un espacio de pasaje, de trashumancia. El hombre siempre ha hecho caminatas para cruzar continentes y huir de las necesidades, no es un problema tipo de ahora, en realidad es algo que el hombre siempre ha hecho en busca de nuevas oportunidades. Es interesante cuando miramos los paisajes, cuando caminas y no hay nada, solo dos piedritas que te dicen que ahí es la frontera, me ha hecho reflexionar sobre las construcciones humanas comparadas con la inmensidad de la naturaleza, lo que muchas veces no me hace sentido. Imagina tener que poner muros o rejas para delimitar todas las fronteras, sería ridículo poner rejas a todas las montañas para decir que “este es nuestro, esto es vuestro”. 

Las fronteras no son más que decisiones e intereses políticos, necesarios por supuesto para defender una nación, un territorio, pero al mismo tiempo cuando se está sobre el terreno es difícil entenderlas, porque el mundo es un todo. Esto me dejó pensando en el tiempo de las cosas, en el significado de la frontera, en cuestiones de legalidad e ilegalidad, en la verdad del hombre.

Fotografías gentileza del artista.

Pedro Vaz (Portugal)
Graduado en pintura por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Lisboa, Portugal. En 2021 presentó la exposición individual, Num único acorde, en CAB – Centro de Arte Caja de Burgos, Burgos, España. Ha participado en exposiciones colectivas tales como Loops.Expanded (2021) en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo de Lisboa (Portugal); LA TORMENTA (2020), en el Centro Cultural Teopanzolco de Cuernavaca (México); Después del choque, los trópicos (2018), en la Galeria Luísa Strina en São Paulo (Brasil); y Second Nature (2018), en The Kreeger Museum de Washington D.C. (Estados Unidos).

Este proyecto cuenta con el apoyo de la colección José Costa Rodrigues, a quien expresamos nuestro agradecimiento.

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