Melanie Garland: “Me interesa entender la ética dentro las prácticas artísticas y curatoriales”

Durante enero, la artista Melanie Garland (Chile) realizó su segunda residencia en ISLA, luego de seis años de su primera estadía en el año 2016. Desde allí, inició su camino de observación y reflexión antropológica, etnográfica y artística en torno a las dinámicas actuales en las sociedades migrantes, analizando las nuevas interacciones de coexistencia territorial. 

Te invitamos a conocer más detalles de su residencia y actual investigación, además de su futuro paso como docente del diplomado Microcuradurías, en la siguiente entrevista. 

Tus investigaciones tratan temáticas como migración, liminalidad, subjetividad política y régimen fronterizo, ¿cuál fue tu inspiración para comenzar a investigar sobre estos temas?

Mi primer interés en la temática de la migración se ve reflejado en una de mis primeras instalaciones artísticas Hilando historias, la cual sigue la obsesión de mi padre por recopilar la genealogía familiar, la cual investigó junto a mi abuelo hasta 1680. Mi interés fue más allá de la recopilación del archivo familiar en sí, me interesó más bien entender por qué mi padre y mi abuelo tenían esa fascinación y obsesión por conocer nuestros orígenes, no sólo por una cuestión de historia, sino también por esa imagen de venir de “las Europas”. Hilando historias involucró mi propia genealogía  familiar como punto de partida para mis cuestionamientos sobre el legado colonial europeo en otros lugares, especialmente en Sudamérica.

Mis prácticas artísticas comenzaron a reflejar una estética y práctica desde lo poscolonial y decolonial en respuesta al eurocentrismo contemporáneo. Me llevó posteriormente a mis indagaciones en torno a las contradicciones entre regímenes fronterizos y migraciones contemporáneas en Europa y en Sudamérica. Actualmente estoy investigando a través de mi doctorado en antropología de la migración, diferentes estrategias, formas de subjetividad política y acciones decoloniales en respuesta al extremo régimen fronterizo hacia comunidades que tienen el derecho a refugio internacional. Aquí el concepto de la liminalidad —​como un estado “entre” y “de tránsito”— ha sido un marco teórico útil para mis estudios en torno a la migración contemporánea desde África hacia Europa y desde el Caribe hacia Sudamérica.

¿Cómo se relaciona tu actual proyecto con el realizado durante tu residencia en ISLA durante SACO5? ¿Cómo contribuyó/ha contribuido SACO en tus procesos de investigación?

Parte de mi investigación actual es la continuación de lo que inicié en el 2016 cuando fue mi primera residencia en SACO, en ese periodo gracias a la ayuda del equipo de ese tiempo y del fotógrafo Cristian Ochoa, pude tener mis primeros acercamientos con comunidades migrantes en Antofagasta, percibiendo muchas similitudes en relación a mis otros acercamientos con migrantes dentro de Europa, lo que fue una gran motivación que me llevó a postular a mi actual doctorado. 

El equipo de SACO ha sido un gran soporte  y apoyo desde el 2016 en mi carrera artística. Sus intereses en crear una escena crítica en el norte de Chile como respuesta al Santiago-centrismo ha sido una inspiración y motivación para conocer otras prácticas artísticas fuera de la matrix-capital y también fuera de Chile. La bienal SACO es un ejemplo de esas reflexiones y su gran intercambio internacional. 

En tu poema etnográfico Un otro cielo en el norte mencionas “Contradicciones, paralelismos” como parte de las reflexiones obtenidas en tus recorridos por Antofagasta. ¿Cuáles son las principales contradicciones y paralelismos que observaste en ese otro cielo?

Antofagasta es la ciudad con más PIB per-cápita de Chile. Paralelamente, es la comuna con mayor número de campamentos en Chile, 63 en total, según el Catastro Nacional de Campamentos MINVU del 2021. Estos números son visibles al movilizarse en el territorio, uno puede tomar una micro desde el norte-alto de la ciudad donde comienzan los campamentos y cruzar horizontalmente la ciudad, llegando al lado sur-alto donde se encuentran “los jardines del sur”, un sector con mansiones, casas y palmas al estilo Miami. 

Estas contradicciones son algo recurrente en nuestro país y en latinoamérica en general, pero al observarlo tan obvia y directamente, me hace pensar en lo absurdo de todo esto. Esta desigualdad socioeconómica se ve también reflejada en la migración actual en el norte del país, no solamente en la precariedad de refugio, asilo político y solidaridad, sino también en el racismo y clasismo estructural dentro de un mismo territorio. Un otro cielo en el norte, hace también referencia a la invisibilización del otro, creando lugares paralelos en un mismo cielo geográfico. 

¿Qué aspectos éticos te parecen trascendentales en procesos de residencia artística en contexto de trabajo con comunidades? La (in)visibilidad de la presencia del residente y el (no)registro, ¿te parece que forman parte de esos aspectos? 

Estamos acostumbrados —hablo desde las artes sociales y artes participativas—a visibilizar a comunidades, en especial comunidades vulnerables, pensando que ellos necesitan esa forma de visibilización de parte de nosotros. Al decidir por ellos sin tener una colaboración transparente, se puede caer en una reproducción paternalista, la cual puede producir una invisibilización de la misma. Muchas veces llegamos a una comunidad pensando que nuestros proyectos artísticos o curatoriales son los adecuados para ellos, sin una previa investigación y conversación de lo que necesitan y quieren –en general tenemos las mejores intenciones como personas creativas, pero al final nuestro trabajo puede hacer más daño que una contribución productiva–. Estos cruces éticos son los que actualmente estoy investigando, me interesa entender la ética dentro las prácticas artísticas y curatoriales siendo la antropología y la etnografía mis fuentes de inspiración.

A su vez, estoy interesada en debatir y reflexionar sobre el registro visual (fotografía-vídeo) dentro de proyectos culturales en comunidades. La necesidad de registrar y compartir (en redes sociales) cada proceso —la cual muchas veces está ligada a las exigencias de fondos concursables— puede afectar directamente a las comunidades, re-produciendo vulnerabilidad. Es por ello que estoy experimentando métodos como paisajes sonoros, poemas etnográficos y dibujos analíticos, como una contra respuesta a las clásicas maneras de registrar y documentar proyectos culturales. Estas reflexiones están también hiladas con maneras éticas de trabajar en el ámbito artístico.

Eres parte del cuerpo docente del diplomado de Microcuradurías, donde dictarás la asignatura Curando en zonas migratorias. ¿Cuáles son los elementos principales que abordarás en ella? 

A través de la asignatura se pretende reflexionar y discutir procesos de sensibilización desde una visión antropológica y ética sobre cómo colaborar con el otro desde una mirada decolonial y pluralista, contrarrestando la manera clásica de trabajar “sobre el otro”, colocando la comunidad en el centro del proceso colaborativo y productivo del proyecto curatorial. Aquí el rol de la comunidad ya no será de “espectador” o un ente participativo, más bien será parte de cada etapa del proceso curatorial, desde la conceptualización, producción y exposición. Me interesa reflexionar cómo estas diferentes etapas se pueden desarrollar desde una forma colaborativa, transversal y de mutuo respeto, intentando dejar de lado estructuras coloniales y racistas que hemos aprendido social y profesionalmente.

Me interesa reflexionar desde mi propia experiencia como artista-etnógrafa y de otros interesantes artistas contemporáneos, la sensibilización artística y ética en los procesos curatoriales. Aquí las visiones decoloniales y poscoloniales son marcos teóricos fundamentales al momento de re-pensar dinámicas de colaboración, me basaré en estrategias etnográficas para un acercamiento adecuado, colaborativo, posicional y no-extractivista.

¿Cómo el cruce entre arte y antropología puede ayudar a artistas y curadores a ser más sensibles frente a los procesos de producción artística, en especial, cuando se trabaja con comunidades vulnerables?

Como artista visual de profesión siempre me ha interesado reflexionar y cuestionar la ética dentro de las prácticas y producción artísticas. La flexibilidad, el dinamismo y la ambigüedad del arte da pie para muchas formas de producción artística, ocupando la estética como base creativa y algunas veces ética. Al trabajar con comunidades y en especial comunidades vulnerables y socio-económicamente “marginalizadas”, la ética y la sensibilización con el otro juega un nuevo rol en el fundamento teórico y práctico del desarrollo del proyecto curatorial y artístico. En este caso, la antropología y la etnografía, con sus estudios sobre la posicionalidad frente al otro, pueden colaborar de forma fundamental en un nuevo entendimiento de trabajo colaborativo y transversal, siendo el “arte social” y “arte participativo”  áreas de interés para mi crítica y reflexión entre arte y  ética. 


Sobre la artista

Artista y restauradora de patrimonio de la Universidad de Chile y Máster en el Palazzo Spinelli de Florencia, Italia. Actualmente es candidata al doctorado en la Universidad Humboldt de Berlín, en el campo de la migración y los estudios postcoloniales a través de prácticas artísticas y la etnografía. Desde 2010, se interesa en la relación entre arte, migración y antropología visual, trabajando con prácticas artísticas tales como la instalación, la sonoridad, el arte participativo, la acción artística y el proceso performativo.


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